La imagen de la Diosa Fortuna ha brillado a lo largo de siglos como un símbolo ambivalente: la dama del oro y la abundancia, pero también la guardiana del destino impredecible. Sus pasos resuenan en templos romanos, en oráculos griegos y en rituales mágicos que aún hoy la invocan bajo distintos nombres: Abundia, Tyche, la Rueda de la Fortuna.
Fortuna en la Antigüedad
En Roma, Fortuna fue una de las deidades más veneradas. Su culto estaba presente en casas, calles y templos, con múltiples epítetos:
- Fortuna Primigenia – la madre del destino.
- Fortuna Redux – protectora de los viajes y los regresos.
- Fortuna Muliebris – guardiana de las mujeres.
Los antiguos la representaban con una cornucopia (el cuerno de la abundancia), una rueda que gira sin detenerse y, a veces, con los ojos vendados: recordando que la suerte puede favorecer o abandonar sin previo aviso.

Fortuna y Abundia: dos rostros de la misma energía
En la tradición esotérica, muchas corrientes fusionaron a Fortuna con Abundia, la personificación de la riqueza. Mientras Fortuna rige el azar, Abundia se inclina hacia la prosperidad material y el fluir constante de bienes.
Juntas, forman un arquetipo poderoso: la energía femenina que reparte dones, oro, oportunidades… pero que también recuerda que nada es eterno y que todo puede cambiar en un instante.
El simbolismo mágico de Fortuna
La presencia de Fortuna en la magia esotérica suele invocarse para:
- Abrir caminos económicos.
- Romper la mala racha y traer oportunidades inesperadas.
- Multiplicar bienes y riquezas.
- Acompañar procesos legales o inciertos, cuando el resultado parece depender del azar.

Su energía se asocia al oro, al trigo, a las monedas, al girasol y a la rueda.
Fortuna en la Magia Actual
Hoy, quienes trabajan con Fortuna la invocan tanto en rituales de prosperidad como en procesos de liberación de deudas o bloqueos financieros. Sus símbolos más usados son:
- La Cornucopia – abundancia sin fin.
- La Rueda – cambios, giros del destino.
- El Velo – lo oculto e imprevisible.
Un altar sencillo puede incluir una vela dorada, trigo seco, un pequeño cuenco con monedas y agua fresca, recordando que la fortuna siempre fluye.

Trabajar con Fortuna no es solo pedir dinero o riquezas. Es también aceptar la danza de la vida, con sus giros inesperados, sus sorpresas y sus regalos ocultos. Invocar a Fortuna es abrirse a lo imprevisto y abrazar la magia de lo inesperado.
Fortuna nos recuerda que el destino no es una línea recta, sino una rueda dorada que gira bajo la luz del misterio. Su energía puede convertirse en aliada si sabemos honrarla con gratitud y respeto, entendiendo que la abundancia verdadera no solo está en el oro, sino también en el fluir de la vida misma.




