13 de agosto.
La noche se abre como un umbral antiguo. Las sombras no pesan, pero se sienten más densas, como si guardaran secretos que solo la diosa de las encrucijadas conoce.
Las antorchas que un día se encendieron en bosques y lagos para honrarla siguen iluminando, ahora, altares domésticos y rincones mágicos alrededor del mundo.
Un eco desde la antigüedad: la Nemoralia
En la Roma clásica, del 13 al 15 de agosto se celebraba la Nemoralia, conocida como el Festival de las Antorchas. Originalmente dedicada a la diosa Diana, protectora de la caza y la luna, esta festividad incluía ofrendas y procesiones iluminadas que recorrían bosques y lagos.
Sin embargo, entre velas y humo de incienso, la figura de Hécate emergía: diosa de la noche, del misterio y de los cruces invisibles. A ella se le dejaban ajos y pan como protección y agradecimiento, y se la invocaba para alejar peligros y abrir caminos seguros.

Hécate: guardiana de lo que no se ve
En la tradición helénica, Hécate sostiene antorchas que iluminan tanto como ocultan. Habita en las encrucijadas, lugares donde se decide el destino, y acompaña a quienes se atreven a caminar por senderos inciertos.
Es guía, protectora y testigo. No siempre habla… pero siempre observa.
La celebración moderna del 13 de agosto
Hoy, la fecha ha sido retomada por corrientes neopaganas y brujas contemporáneas. Muchas la llaman La Noche de Hécate o Hekatesia. No se trata de una reconstrucción exacta de la Roma antigua, sino de una reinterpretación espiritual: una oportunidad para encender velas, hacer ofrendas simbólicas y reflexionar sobre las propias encrucijadas.

Un altar para la Noche de Hécate
En mi altar, Hécate habita desde hace años. No porque conozca todos sus misterios, sino porque su energía ha sido una presencia constante, como una sombra que protege.
En esta noche especial, dispuse:
- Tres velas: blanca, negra y roja.
- Un manojo de ajos, como en las ofrendas antiguas.
- Una copa con vino oscuro y otra con agua.
- Llaves antiguas, símbolo de los portales que abre y cierra.
- Pétalos oscuros, huellas simbólicas sobre el mantel.
El incienso de mirra se alzó en espirales, y entre su humo, la habitación se sintió más ancha… como si un cruce invisible se hubiera abierto.

Honrar a Hécate no siempre significa conocerla a fondo. A veces basta con encender una vela y permitir que su luz y su sombra nos acompañen.
En la noche del 13 de agosto, enciendo mis antorchas internas y camino hacia el cruce… sabiendo que no lo recorro sola.




