Hay energías que no se estudian, se sienten. No las encontré en los libros, sino en los momentos de oscuridad, en las madrugadas encendiendo una vela, en las veces que sentí que ya no podía más. No se trata de géneros ni de cuerpos, sino de energías que atraviesan el tiempo, la muerte y el pensamiento.

Este no es un texto de investigación. Es un testimonio, un mapa de poder.

Estos son los tres arquetipos femeninos que yo invoco. No por moda ni por herencia, sino porque me han sostenido cuando nadie más lo hacía.
Porque cada una, a su manera, me ha devuelto un pedazo perdido de mí.

Hécate, la Santa Muerte y Sofía no se aparecen como diosas decorativas, sino como arquetipos que invocan decisiones, duelos y despertares. Yo no pretendo encasillarlas, sino abrir un portal hacia su misterio.

Las tres figuras femeninas que invoco no me prometen finales felices. Pero sí verdad, poder y compañía.

Hécate: El Umbral y la Sombra Lúcida

La que espera en la encrucijada

Ella no tiene respuestas fáciles. No viene a consolar, viene a iluminar el cruce de caminos con su antorcha. Hécate es la que te obliga a elegir, aunque no quieras. La que te muestra el espejo aunque te duela. La que guarda las llaves de puertas que aún no sabes que existen.

Su energía aparece cuando todo parece desmoronarse, pero dentro de ti algo —muy profundo— sabe que es momento de cambiar. Y cambiar duele. Pero también libera.

“Todo lo que es profundo ama la máscara.”

Friedrich Nietzsche
“No temas la oscuridad. Es allí donde encontrarás tu fuego.
  • Arquetipo: La Bruja, la Guardiana de los Caminos, la Sabia Oscura.
  • Símbolos: Cruces de caminos, antorchas, llaves, perros.
  • Presencia en la vida: Aparece cuando necesitamos tomar decisiones, liberar cargas o profundizar en la intuición.

Origen y cultura:
Hécate es una diosa de la Antigua Grecia, vinculada al mundo subterráneo, a la brujería, a la magia lunar y a los cruces de camino. Su culto se mantuvo vivo, incluso, bajo la sombra del cristianismo, y hoy es una de las figuras más invocadas por brujas modernas, especialmente dentro del neopaganismo.

En la magia:
Se le considera diosa de las brujas, guardiana de los secretos, protectora de quienes trabajan con lo oculto. Es patrona de rituales de transformación, hechizos de protección, apertura de caminos y necromancia.

¿Blanca u oscura?:
Ambas. Es una diosa liminal, que transita entre la luz y la sombra. No es maligna, pero tampoco complaciente. Su energía es fuerte, directa y transformadora. Exige responsabilidad.

Santa Muerte: El Fin que Protege

La que nunca abandona

No hay presencia más fiel que la de la Muerte. La que no se escandaliza por tus deseos ni por tus dolores. La que te mira con los ojos vacíos pero te abraza con toda su inmensidad.

La Muerte me ha enseñado que perder, también es amar. Que irse es una forma de protección. Y que incluso lo que muere puede cuidarte, acompañarte y darte fuerza. A ella le hablo cuando todo parece injusto. Cuando necesito justicia, de la que no encuentro en los seres humanos. Cuando ya no puedo con la vida y solo ella puede sostenerla.

Lo contrario de la vida no es la muerte, sino el olvido.

Isabel Allende
Hasta los huesos, hija. Hasta los huesos te amo y te protejo.

Arquetipo: La Madre que arranca, la Dama Justa, la Compañera Silenciosa.
Símbolos: la guadaña, la balanza, el planeta Tierra, el tecolote.
Presencia en la vida: En momentos de pérdida, miedo, transformación radical o justicia espiritual.

Origen y cultura:
Santa Muerte es una figura sincrética nacida en México, mezcla de la Muerte prehispánica, el culto a Mictecacíhuatl y la figura católica de la Virgen. No está reconocida por la Iglesia, pero es profundamente venerada por millones de personas, sobre todo entre comunidades marginadas y brujas del ámbito popular.

En la magia:
Es invocada para pedir protección, justicia, amor, dinero, salud y guía espiritual. Se le hacen “trabajos” en altares con ofrendas, veladoras, cigarros, licor, rosas, dulces y tabaco. Es considerada sumamente poderosa y rápida para responder.

¿Blanca u oscura?:
Se le honra en tres aspectos principales: blanca (protección, sanación), roja (amor, pasión), negra (justicia, defensa, castigo). Su poder atraviesa la moral. No distingue entre “bien” y “mal”, sino entre intenciones claras o no. Es justa, pero implacable.

Sofía: La Luz que Recuerda

La luz de lo sagrado

No tiene templo ni religión. Sofía no necesita altar porque vive dentro. Es la chispa que se enciende cuando el alma entiende algo más allá de las palabras. La voz suave que aparece cuando todo lo demás hace ruido. La inteligencia del corazón, la sabiduría que no presume.

Cuando me olvido de quién soy, ella susurra. Cuando estoy en caos, ella dibuja un orden invisible. No impone, revela.

La sabiduría construyó su casa y labró sus siete columnas.

Proverbios 9:1
Tú ya sabes. Solo necesitas recordar.

Arquetipo: La Sabiduría Ancestral, la Voz Interior, la Llama del Alma.
Símbolos: Estrellas, libros, códices, espirales, luz.
Presencia en la vida: En momentos de comprensión profunda, revelación espiritual o reencuentro con la propia esencia.

Origen y cultura:
Sofía es la personificación de la Sabiduría en las tradiciones gnósticas, cabalísticas y esotéricas cristianas. En el gnosticismo, representa la chispa divina caída en el mundo material, la conciencia que anhela volver a la luz. En la Cábala, se vincula con la Shejiná, la presencia femenina de lo divino.

En la magia:
No se le invoca con rituales, sino con introspección, estudio, meditación y escucha interior. Se manifiesta cuando se alcanza una comprensión profunda, cuando el alma se alinea con el conocimiento sagrado.

¿Blanca u oscura?:
Es luz pura, pero no ingenua. Su sabiduría abarca tanto la herida como la redención. Es claridad que atraviesa la sombra, no que la niega.

Puedes invocarlas o simplemente permitirte reconocer sus ecos dentro de ti.

Hécate te da coraje para elegir.
Santa Muerte te da fortaleza para soltar.
Sofía te devuelve la memoria del alma.

Y cuando todo se tambalea, yo las llamo.

No para que hagan la magia por mí, sino para que me recuerden que yo también soy magia.

Las tres pueden convivir. Puedes llorar con una, decidir con otra y recordar con la tercera.

No necesitas creer en ellas como entidades —basta con reconocer que viven en ti. Que a veces, una vela encendida o una palabra susurrada es suficiente para despertar la fuerza dormida.

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